miércoles, 29 de abril de 2015

LA POESÍA DE JORGE PAOLANTONIO (Catamarca)

                                    Sierra de Ancasti-Catamarca- Fotografía de Mariana Lucatelli



huésped oscuro

sé que mi canto es vulnerable/ oscuramente irá
por las memorias como un huésped oscuro…
Roberto Paine
.
ha tocado la frente hacia el final de la tarde
ha nombrado las hierbas
convocado las lenguas del naufragio
.
en el hombro del mundo
hay un cántaro donde late el diluvio
escribirá nuestro signo
un pez de plata precipitándose al olvido
y encenderá una señal
para quitarnos la bruma de las manos
.
nuestros ojos serán un cascabel de vidrio
la lluvia misma
una levedad buscándose en el río que migra
de las orillas del miedo
.
habremos entonces
tatuajesellomarca
la agonía
de los que repiten lo posible:
.
hay un huésped oscuro
………………………para cerrar
la última pregunta
……………………….de nuestros dolidos párpados.


corola de la existencia

1.
allí en las cuclillas
bajorrelieves agarrotados……preguntándonos
porqué tanto perro al final de la noche
y si aquellos que nos amaron
sabrán dónde fueron a parar nuestros huesos
disimulados para siempre
entre manuscritos y alfileres en los labios
.
2.
estará mi padre
hilando su guirnalda bajo la parra vieja
que de una vez por todas
pase
su martín-pescador de palabras
títere descabezado
que no pudo trepar hasta sus ojos
y una sangre de corazón acongojado
tiznando el verso
.
3.
estará mi madre
coloreando lirios frente a la ventana
buscándose los ojos
en los míos
para decirme
que no hay cielo ni infierno
que asegure mi verso
que no me vaya

4.
estará mi prima
lejana visionaria de los juegos
besándose entre los álamos temblones

5.
estará mi hermana
cosiéndome a su vestido rojo
para que conozca la alegría
con que mira
para siempre
los hijos y las tierras naturales
el mar que no conoce
los días que no pasan
los que sí
los otros
la inabarcable distancia.

                                                      

   Jorge Paolantonio nació en Catamarca (1947) y reside en Buenos Aires. Es autor de varios libros de teatro, novela y poesía, como Claves para abrir las pajareras(1973), Lengua devorada (1994),Obra selecta (2011), y Del Orden y la Dicha (2011), por los que fue distinguido con importantes premios. Los dos poemas seleccionados fueron tomados dePeso muerto (Plan Nacional de Lectura, 2011. Colección Palabras al viento), publicado por primera vez en 2008.





sábado, 28 de febrero de 2015

LA POESÍA DE SUSANA QUIROGA (Jujuy)




De “Una”, Alción Editora, Córdoba, 2005.

                                                            La vulnerable

“Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi
vida, déjate enlazar de fuego, de silencio, ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.”

Alejandra Pizarnik
Las hojas crujientes
del otoño
se deshacen
en música de cello

la mujer avanza
mariposa al aire
desbordada
de Bach

**

un pájaro
bebe
la gota
que
c
a
e
inmovilizado
en el gozo
sacia
su sed

**

la blancura
te quema los ojos
te hiere la piel
hombre de sal

pico y pala
canjean soledad

no te sirve
para perdurar

**
 cuando el cielo
sangrante
me hiere

un ángel
lame
mi corazón

**
la mujer camina
apretando palomas contra el pecho
los ojos se le vuelan

de pronto
en medio de la tarde
abre los brazos

la ausencia
le envuelve el corazón



De “Arcilla de mujer”, Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1998.

                                                           De la costilla que Yavé había sacado al  hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó:

                                                                Ésta sí que es hueso de mis huesos
                                           y carne de mi carne...

Génesis 3. 22-23

Varón
me necesitas

incesante
buscas
la parte de tu cuerpo
que te fuera arrebatada

para mí

**
como Eva
camino senderos

como Eva
enhebro palabras

tejo fuegos
**

abrí los brazos
alcé mi rostro al cielo
dejé que el agua
cayera sobre mi cuerpo
y
hechicera
al fin
realicé el conjuro

provoqué el incendio



De “Vuelve cundo la lluvia”, Apóstrofe ediciones, San Salvador de Jujuy, 2012.

Olga Orozco me ha preguntado en la intimidad de mi palabra:

¿cuál es esa canción que se prolonga por las ramas y rueda contra el vidrio?
¿Cuál es esa canción que yo he perdido y que gira en el viento y vuelve todavía?...”

Y yo le he respondido en la imagen de la lluvia inasible que canta en mi corazón,   en el lloro de las manos ausentes, en el suave planeo que busca la onda más tersa en el indecible azul, en el espejo del agua que murmura la canción perdida, y que, esperanzada, Vuelve cuando la lluvia…

***

EL PRINCIPIO

La Vida es como una canción que rueda, se evade por el aire, surca las montañas como una baguala.
Empecinada, canta en el agua y brota en la tierra iluminada por el sol.
A veces, se pierde entre las nubes que huyen.
Otras, taciturna, se ovilla en la soledad.
Nostálgica, se amamanta en el dolor.
Un día, amanecida, busca la primera estrella.
Y no sé en qué instante, retoña esperanzada y tañe el corazón.

Vuelve cuando la lluvia

**
Ahora que estoy sola
en la casa de la espera
llego y me descalzo
camino y me desnudo

solo las paredes
me miran
y los ojos del recuerdo

ellos me conocen
me protegen
y me invitan
a montar claridades
a beber

/sorbo a sorbo/

el vino tinto
de la vida
**

De los altos pinos
se desprenden
olorosas de primavera
piñas de madera

unas veces
para el arte pintor de los niños

otras
para encender el fuego intenso
del amor
**

Las estrellas se acercan
a las sombras del alma

titilan
para que el Ángel
guarde la esperanza

silenciosas
maduran el dolor

**

Susana Quiroga: Escritora, poeta y narradora jujeña, Profesora, en Letras. Concluyó su labor docente como Rectora del Colegio Nacional N° 1 "Teodoro Sánchez de Bustamante", siendo la primera mujer rectora en ese colegio centenario. En la actualidad ejerce el periodismo cultural y coordina el grupo literario Ahora o Nunca Jujuy. Ha publicado: Mariposas,1988, Premio en poesía para poetas inéditos; Ráfagas de viento, cuentos, 1991, Faja Nacional de Honor, ADEA; Poemas de la Soledad, 1994, Faja Nacional de Honor, ADEA; Mensajería, 1995, cuentos; Salvajes luces inquietas sombras, poesía, 1998, Faja Nacional de Honor, ADEA; Arcilla de mujer, poesía, 2000; Final de sitio (el río de Agustina), novela, 2003, Faja Nacional de Honor, SADE, Bs. As., 2004; Una, poemas, 2005; Verano intenso, poemas, 2006; Suerte perra, novela 2009; Ella y Él, textos narrativos, 2011; Vuelve cuando la lluvia, poemario, 2012. Cosa de mujeres, nouvelle, 2014.. Coordina el grupo literario “Ahora o nunca Jujuy”. Publicó: Homenaje a Groppa, Jujuy, 2004; Letras en Jujuy, Antología siglo XX, Jujuy, 2007- 2008- 2012.  Microrrelatos en Jujuy, 2012. Miembro de Honor por Jujuy de la Fundación Argentina para la Poesía, Bs. As.       Premio Puma de Plata, de la Fundación Argentina para la Poesía, 2007, Bs. As.. Desde 2001 dirige la Página Literaria del diario Pregón de Jujuy. Participa en numerosas antologías y en el quehacer literario de diferentes lugares                  del país.

viernes, 30 de enero de 2015

POESÍA DE ALBERTO TASSO


casa

Como ruidan los caños en la casa
Como perran por suerte los ládridos
Como se rinde en luces y sobornos
la ecuación de la tarde


viaje

repásame el bolso, Edith,
haz que luzca su espíritu de nuevo
borra esas manchas verdes que hay sobre el cuero
quiero viajar, quiero el azar que cambie
quiero ir y volver
quiero incidentes sobre la marcha
quiero volver a los apenas mirados labios
de una mujer
que no pronunciaron
despedidas.


Montaje de un soneto

Lo tomas por las crines, primer verso.
Un salto. Cuerpo tenso y musculoso.
Corcovea tal vez, caes al suelo.
Difícil es domar la rosa al vuelo.

Sin violencia te acercas a la presa.
Palmea el sustantivo su piel tersa.
Vuelta a montar, y ahora más prudente,
te alejas de la vida de la gente.

Sales al trote por el campo abierto
sintiendo entre las piernas al terceto
que promete el amor en tu jornada
de largo galopar en el desierto.

Pero ya es tarde para el sentimiento.
Graves, suenan catorce campanadas.


[una mañana en mi casa]

Qué linda es la mañana en mi casa
y yo poco la veo.
Hay un contrapunto de pájaros que
hacen unas vidas extrañas en lo alto.
pero nada sé de pájaros,
sólo de ardores quebrados que no cantan
sino cuando se alzan a volar.
Y eso muy de tanto en tanto.
Vivo, entonces, o sobrevivo en medio de
estas provocaciones instaladas en el alrededor.
A ninguna me entrego.
A ninguna la entiendo.
Pero las comparto con un niño que comparte los juegos,
que también son mensajes, mandatos fugitivos, pesas
vocabularios que hablan al silencio.


El proyecto

Quebrado en dos por la melancolía de la siesta
invento lejanías para poder perderme
ser otro en la larga cascada de bignonias
y no pensar en ésa que persigo.
Es cierto que el lúgubre verano vendrá
y que está marcada
y que la cargaré bajando la montaña
para poder saberla tomarla
abrirla deshacerla y nuevamente, saberla
como sábese un libro
una oración, una receta, un medio de vida.


Lógica de la lluvia

Llueve cansadamente en todas partes
llueve sobre los húmedos umbrales
llueve sin pausa
llueve
llueve y es tarde y me amedrento
y torno
a no ser otro sino el descubierto
ser que hay en mí bajo la lluvia
llueve
mojándome la piel los pensamientos
soy el yaciente, el muerto, el que no espera
la hebra de luz filtrándose en la sombra
soy el agua la voz la enredadera
soy el águila mansa en el adobe
soy el vocabulario del callado
y llueve
lejana, imperceptiblemente
sobre la lejanía
y sobre el tiempo
llueve
llueve en el corazón
soy el que siente


Más luego

Te vi moverte a lo largo de dos días.
Empollerándote y desempollerándote.
Vistiéndote de plumas.
Mojada por la lluvia.
Galopando potranca en los senderos.
Huyendo.


Bajo las lentas nubes
                                        A Castilla.

Todavía está en Santiago la lluvia que dejaste
mientras yo avanzo bajo las nubes lentas
que no tienen de mí sino la sombra
y que de Vos lo tienen casi todo.

las muertes

todas, todas las muertes están adentro nuestro
aguardándonos, hechas
para sembrar el tiempo de pálidas señales

vivimos de pequeños momentos
de sogas florecidas y cuchillos en llanto

somos flacos voraces abecedarios huecos
para probar las largas leyes de la materia
y retumbar a voces por las calles desiertas

las ficciones no llenan el estómago
las razones no apagan esta melancolía

nuestra ley es el hambre, la carencia infinita
la vida con los otros
cuyas muertes están adentro nuestro





Alberto Tasso (Ameghino, Bs. As.,1943) a pesar de haber nacido en provincia de Buenos Aires, es un santiagueño más. Este sociólogo, filósofo, ensayista, poeta, narrador, periodista y, por sobre todas las cosas, formador de jóvenes, tiene una vasta trayectoria en la cultura de nuestra provincia. Sus aportes en la investigación histórica y sociológica son sumamente valiosos para el acervo cultural santiagueño. Sin embargo, desde la revista Tardes amarillas acercamos en esta oportunidad una selección de sus poemas ya que, más allá de su formidable tarea académica, es una de las voces poéticas más importantes en la literatura santiagueña. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

LUIS FRANCO

                                                 Portezuelo (Fotografía de Mariana Lucatelli)


EL MISTERIO DE CRISTAL

El misterio con tapa de cristal,
la pura libertad en desaliño
y un renaciente gozo manantial.
El genio humano, puro, está en el niño.
Creación, más que la otra, matinal.
Todo el turbión vital bajo su armiño.
Un futuro dios, cierto, está en el niño.
Como ignora la muerte es inmortal.


BENDICIÓN

Y tomando un puñado de trigo, con la unción
de los antiguos días, dije en mi corazón:
Bendito sea el gusto previo del pan seguro,
en el contento agrario como una hostia puro;
bendito sea el sol, que es servidor y rey;
bendita la criada que es gran reina, la tierra;
también la mansedumbre de los ojos del buey,
y el trabajo escondido de la lombriz de tierra;
y a más la golondrina, que amadrina la lluvia.
Bendita en cada grano, vuestra cosecha rubia,
sembradores, y vuestro vivir de hondura y calma
como un arar. Bendita la fatiga divina
que endurece las manos y que mejora el alma.


NOCTURNO Nº 3

Con hambre y sed de soledad,
a estas orillas vino mi corazón nocturno a pastorear sus penas.
Como en el puente de un barco mirando más allá de las olas y la noche.
Junto a mí, con su mano sobre mi hombro,
siempre el recuerdo con sus ojos cansados,
y todas mis lejanías, holladas o vírgenes.
Tú en mí, siempre, como una patria en el pecho de un héroe,
y mis sueños que tienen forma de ala y tienen el color de tus ojos.
Dolorida más que una carne el alma,
y el líquido rumor de la fuente que lava las calladas heridas.

Tu lejanía se aprieta sobre mi ansia y yo arañando en la hondura
quiero desengarzar para mandarte la estrella más latidora.
Viviéndote, maravillosa, en pulso y en respiro,
con la vehemente vigilia de las estrellas hasta el alba velaré tu recuerdo;

De pronto te me apareces…
¿Dónde?
Y cierro bien los ojos porque no te me vayas.
Pero no hay más que tu ausencia, la ausencia que agranda la noche.


HABLO EN NOMBRE DEL ALBA

Los pájaros no saben qué hacer con tanto cielo.
Es sólo un puro azoro el alba
de una resurrección rasgando su sudario.
El horizonte ofrece su diadema
y el menor soplo asciende a numen.

Un viento aún azul de lejanía
viene en busca del alma velera de los pájaros
que estallan sin demora en un motín de alas,
mientras el cielo empieza a sonar en sus picos
igual que el mar suena en las caracolas.

Navidad, crecimiento. Y lo viviente
con su inmortalidad de cada día.
Los pájaros no saben qué hacer con tanto cielo.
El cielo, el cielo, el cielo
proponiendo el olvido de la tierra
como los ojos de la amada
proponen el olvido de su cuerpo.

Padre árbol

Leguas brutas del campo en tu sombra se entienden.
Ablución de frescura que nos inspira el pecho,
testimonias el dios clandestino que eres.
Amo de hondura y cima: de prietas sombras, árbol,
te yergues con la altura total del mediodía,
sabiendo que tu cuarta dimensión es el pájaro.
En ti alza el campo el signo de dulzura y fuerza.
Cierras la intimidad redonda del hogar,
abres la envergadura sin fin de las banderas.
La soledad te abraza ceñida e infinita
como a mí: tu alma fresca, la mía en fiebre, en lo hondo
se sumergen buscando la dispersa armonía.
Tu equilibrio gobierna geometría oculta:
la solidez se viste con gracia de lo aéreo.
Arte nuestro: el destino final está en la música.
Trabajas más aparte que la araña hilandera.
Si el viento te vocea noticias y distancias,
tú escuchas el pausado corazón de la tierra.
Profundidad de carne es tu vida, y de alma.
Con tu ademán injertas nuestra vida en lo unánime,
presidiendo el desfile de alas y mañanas.
Comprendes el callar y latir de la noche,
tú, alzado con la pura elevación del alba;
¡y cómo nos afinas el corazón discorde!
Breve cauce del Tiempo, somos, y nada más.
Lo sabes y te quedas tranquilo. Mas no ignoras,
de veras, que lo fúnebre aborta en lo nupcial.
Y que la rosa es dogma indiscutible, sabes,
y al mundo dinastías de hermosura lo pueblan.
Tú levantas tu copa por lo total, oh padre.



Luis Leopoldo Franco nació en Belén, Catamarca, el 15 de noviembre de 1898. Poeta y ensayista fue una de las voces más potentes de la poesía del Noroeste Argentino.  En 1918 ganó el Premio de Honor en el certamen literario “Juegos Florales”, presidido por Jaimes Freyre, con su Oda Primaveral. Estudió derecho pero abandonó pronto sus estudios para volver a su tierra natal. Murió un 1 de junio de 1988, en soledad y pobreza, y próximo a cumplir sus 90 años, en un asilo de ancianos de Ciudadela, donde transcurrió sus últimos años.


domingo, 14 de diciembre de 2014

MANUEL J. CASTILLA


De COPAJIRA (1949)

La Veta
Aquí arriba está la veta,
¿la ve señor ingeniero?
A esta hora siempre parece
una víbora durmiendo.

Así como usted la ve
ella también lo está viendo.
Y aunque la destroce toda
de golpe en golpe el barreno,
mientras más se la desgaja
su cola sigue creciendo,
como que abajo ya está
viva en el nivel 300.


Aquí arriba está la veta
arrime usted su mechero,
que por quererla matar
nos vamos quedando adentro.

Aquí arriba está la veta,
¿la ve señor ingeniero?



Sueño
Madre: tu niño no sueña
porque ya es niño minero.
Téjele unos escarpines
con el hilo más risueño
para que si viene el frío
no se te haga más pequeño.

Madre: tu niño ya es hombre
y no quiere que lo veles.
Tu niño juega una ronda
de plomo y andariveles.





La Palliri
Qué trabajo más simple que tiene la palliri.
Sentada sobre el cáliz de su propia pollera,
elige con los ojos unos trozos de roca
que despedaza a golpes de martillo en la tierra.

(Un silencio nocturno le trepa por las trenzas
y oscurece la arcilla de sus manos morenas).

Qué inútil que sería decir que en sus miradas
hay un pozo de sombra y otro pozo de ausencia;
que pudo ser pastora de las nubes
y se quedó en minera,
que pudo hilar sus sueños por las cumbres
viendo bailar la rueca.

La palliri no canta
ni tampoco hila sueños.
La mirada en la tierra
y en la cabeza el cielo
de mañana y de tarde
busca sólo el silencio,
y cuando está a su lado
lo quiebra contra el suelo.

Y no sabe que a ratos, entre sus brazos recios,
se duerme el martillo como un niño de hierro.}























De CANTOS DEL GOZANTE (1972)

El Gozante
Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy
leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.



De POSESIÓN ENTRE PÁJAROS (1966)

La casa
                         A María Angélica de la Paz Lezcano
                               y a Juan Antonio Medel
Ese que va por esa casa muerta
y que en la noche por la galería
recuerda aquella tarde en que llovía
mientras empuja la pesada puerta,
ese que ve por la ventana abierta
llegar en gris como hace mucho el día
y que no ve que su melancolía
hace la casa mucho más desierta,
ese que amanecido, con el vino,
se arrima alucinado al mandarino
y con su corazón lo va tanteando,
ese ya no es, aunque parezca cierto,
es un Manuel Castilla que se ha muerto
y en esa casa está resucitando.


Manuel José Castilla (Cerrillos, 1918 - Salta 1980) , nació en la casa ferroviaria de la estación de Cerrillos . Su poesía celebratoria, identificada con el hombre, su tierra natal y la naturaleza, alcanzó su punto más alto en Copajira (1949) donde tiene como protagonistas a mineros de Bolivia. Fue uno de los fundadores del movimiento La Carpa que aglutinó a grandes poetas del NOA como Raúl Galán, Julio Ardiles Gray y María Adela Agudo, entre otros en la década de 1940. También fue periodista en los diarios El intransigente y Salta, autor de letras de canciones y recopilador de coplas folclóricas. La literatura de Castilla tuvo una amplia influencia en toda la literatura del Noroeste argentino y del interior en general, fue él el primero en introducir la poesía social en ese ámbito.