martes, 31 de octubre de 2017

ARMANDO TEJADA GÓMEZ (Mendoza)


EL SUBVERSIVO
Un día,
el pobre tipo
empleado o jornalero,
ese que anda a los tumbos
y de la cuarta
al pértigo,
el que ha visto llover
y llover
y llover
sobre su lomo gris
y su triste sombrero;
ése,
el tipo a destajo
que vive de segunda
como el padre del padre
de su anónimo abuelo:
el buen contribuyente
de la cola de acémilas,
aquél,
el locatario
con su ataúd de deudas,
ese que viaja en ómnibus
o en tren la vida entera;
un día,
cualquier día
de mascar la impotencia, va a agotar,
va a gastar,
va a perder la paciencia:
esa última,
oscura rebelión
que le queda.

Un día,
el subversivo,
va a empuñar la impaciencia!
El tipo es un peligro:
tiene un arma secreta.


CANCIÓN DEL FORASTERO
De qué me sirve a mí la primavera,
esta ciudad con plazas y alamedas,
si en el acontecer del día que se va
en toda esta ciudad, nadie me espera.
De qué me sirve a mí tanto paisaje,
el cielo cruel y azul, la luna llena,
si en el acontecer de oscura inmensidad,
en toda esta ciudad, no hay quién me quiera.

Los ojos sin amor son ojos muertos,
miran pero no ven: la piel del día,
la fiesta de color del pájaro y la flor,
el rostro natural de la alegría.
De qué puede sevir mirarnos sin amar?
Los ojos sin amor, no ven la vida.

El solo marcha solo hacia la muerte,
es como un forastero de los días,
dirá que estuvo aquí y no supo entender
por qué los que se amaban, sonreían.
Un hombre, una mujer, por separado
son la mitad del ser, dos soledades,
de qué pueden servir si no saben unir
en el río de un niño las dos sangres.



EL BIENAVENTURADO
Aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
agonizó sus años
corriendo a tres empleos.
Un día, simplemente,
su simple corazón
le estalló en una esquina
y despertó en el cielo.

Dios, bonachón y antiguo,
le dio la bienvenida,
palmeándole y diciendo:
«¿Qué cuenta de la vida?»

Y aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
se quedó boquiabierto
y preguntó: «¿Qué vida?»


EL VINO TRISTE

Ese hombre que entra al bar
sin sombra que le ladre,
ése que pisa y pasa
sin rostro ni señales,
pide una copa solo
de espaldas a la calle,
bebe su copa solo,
inmóvil, demorándose,
paga, piensa otro trago
sin gastar ni una frase
y luego, se va solo
hacia la noche y nadie.

Ese tipo va herido.

Y la muerte lo sabe.



PROHIBIDO PROHIBIR

Estaba la ventana dando voces
de agolpada y furiosa primavera,
se partía la yegua en un relincho
y era un ruido caliente la colmena.

Subían llamaradas a las ingles
y era muchacha el tacto de la greda.

Abajo, la semilla era un escándalo
y un grito genital toda la tierra.

La Juana miró a Juan. Juan a la Juana.
El sol, inmemorial, quemó la leña.

De lejos parecía que era un humo,
pero era de ellos dos la polvareda.

Armando Tejada Gómez Mendoza (21 de abril de 1929) - 3 de noviembre de 1992 (Provincia de Buenos Aires) Trabajó como locutor de Radio de Cuyo. En 1954 edita su primer libro de poesías, Pachamama: poema de la tierra y él. Un año después, edita su segundo trabajo Tonadas de la piel.
Participó con Oscar Matus y Mercedes Sosa, del Movimiento del Nuevo Cancionero, Simultáneamente, Tejada edita trabajos discográficos como “Poeta de la lengua” y “Cantoral de mi país al Sur”. Sus libros y discos le valieron premios y reconocimientos a lo largo de todo el país. Su poesía cruzó las fronteras, llevando a Tejada a presentaciones en España, Mexico y Nicaragua entre otros países.
.


viernes, 29 de septiembre de 2017

LETICIA MURE (Tucumán)



HOGUERA DE LUZ

Hoguera de Luz
arde
en las dimensiones múltiples
amarrada
a las nervaduras del tiempo.

Mis manos
abrazan soles.
El viento acuna
sobre la córnea
anillos de nirvana.


CARACOLES DE SOL

Los ojos pintan caracoles de sol.
Camino por espigas
sobre una hoja turgente
cerca de caricias de fuego
que resucitan la sombra.
Un río enciende cerezas
sobre mi boca.
                        

PRESAGIO
                              Al Café Tortoni

La luz, la intensa luz
el delicioso banquete del presagio.

La espiga
tibia de  lumbre.

Mi boca,
desbordada de asombro
el sol en la copa
el delicioso perfume
del presagio en mis labios.


LOS PAJAROS ATARDECEN
Adónde va el trinar del pájaro después que el hombre cruel lo hiere.
Norberto Pannone
Canta
en el árbol
el sublime trino
de pájaros.

Se aferra
a la noche.

Su sueño de luciérnagas
teje nidos.

Mi sombra
viaja
sobre el instante
de sus alas,
se desvanece.


INSTANTES

Canta
la infinita música
de las esferas
se desglosa
de los instantes.

Su noche de luciérnagas
un tiempo teje
solo existe
en el seno
de sus flores.
                               
                                     
Leticia Mure, autora de ensayos sobre el aspecto socio-ambiental del Valle Calchaquí. Publicó “Con los ojos del sol” “Soles en mis manos”; “Hoguera de Luz”; “Semblanzas de un hombre libre”. Participó en numerosas antologías. Primeros Premios: “Medalla de Oro” Monteros, y “Juegos Florales”, Tafí Viejo. Integró la Comisión Directiva de la S.A.D.E, Tucumán. Canciller Cultural de ASOLAPO-ARGENTINA. Se graduó en Ciencias Naturales en la Universidad Nacional de Tucumán. Recibió el premio BIENAL 2013 por Asolapo, Bs As, Argentina.

martes, 29 de agosto de 2017

CARINA SEDEVICH (Córdoba)


1

                                                                para Francisco, mi hijo

Ante vos no hay eufemismos poderosos.
Sólo tapar la violencia de los nombres
con más nombres
golpearte con mi lengua de túneles del mundo
con estos crímenes
estos dedos puestos sobre el otro
esta vigilia.


2

Los niños en la noche
son tristes doblemente.
Como una violeta junto a otra.

Los padres van ellos y su sombra.
Los niños van ellos y su espectro,
alto.


3

La noche se pega a mí.

Teme
flotar y empequeñecer.

Ovulo.


4

Cuando está
la miseria es innombrable.

En cambio ese papel abollado
grande, de envolver
se sacude al viento
como si fuera un papel
abollado, grande
de envolver.

Su corazón de comida vieja
tiene alas. 




Carina Sedevich nació en Santa Fe en 1972 y vive desde su infancia en Villa María, Córdoba, Argentina. Es autora de los libros La violencia de los nombres (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe, 1998), Nosotros No (Lítote Ediciones, Santa Fe, 2000), Cosas dentro de otra cosa (Lítote Ediciones, Santa Fe, 2000), Como segando un cariño oscuro (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba, Argentina y Ediciones Niña Bonita, Zaragoza, España, 2012), Incombustible (Alción Editora, Córdoba, Argentina y Ediciones Karakarton, Mallorca, España, 2013),  Escribió Dickinson (Alción Editora, Córdoba, 2014), Klimt (Suburbia Ediciones, Gijón, España y Club Hem Editores, La Plata, Argentina, 2015), Gibraltar (Dínamo Poético Editorial, Córdoba, 2015), Un cardo ruso (Alción Editora, Córdoba, 2016), Cuadernos de Lolog (Postales Japonesas Editora, Córdoba, 2017) y Lavar a la madre (Editorial Buena Vista, Córdoba, 2017). Parte de su obra ha sido editada en antologías y publicaciones literarias de diversos países de Europa y Latinoamérica y traducida al italiano, al portugués y al mallorquín. Es licenciada en comunicación, especialista en semiótica, maestra en ceremonial, profesora de yoga y meditación
Nota: Los poemas fueron seleccionados por la propia autora y pertenecen a su libro “La violencia de los nombres”  Ed. De de Ratas (1998) 

lunes, 31 de julio de 2017

NITO BIASSI (Córdoba)


Hiroshima y Nagasaki

Los hongos
no tienen flores.
Cuántos muertos
pueden justificar
tantas muertes.
Hongos para justificar
el fin de una guerra,
millones de flores
que no justifican
muertes inútiles.
¿Tus muertos
valen más que los míos?


Al niño Evgueni Evtushenko
(por un banco de madera)

Ven niño, acurrúcate
entre mis patas.
Deja que tu cuerpo
entumecido por el frío
entre en calor.
No te preocupes
si alguien se sienta, mejor,
la calidez de su cuerpo
pasará a mi cuerpo
y de ella a ti.
Sus piernas serán muro
que te protegerá del viento.
Ven mi niño, refúgiate
entre mis tablas
y cántame un poema,
como el de recién,
mientras comes la papa caliente.
Ven mi niño, abrígate
entre mis maderos
y cántame un poema,
como el de recién,
para que el corazón
del árbol que fui
vuelva a latir otra vez.


Caín y Abel

Y Caín mató a Abel,
el Sumerio mató al Acadio,
el Persa mató al Griego,
el Griego mató al Troyano.
El Romano al Cartaginés,
el Normando al Celta,
el Inglés al Español,
el Blanco al Negro.
el hétero al homo,
el hombre a la mujer.
Y Caín sigue matando a Abel.


Cifra impar

Tengo un sentimiento
como cuchilla clavada en mi pecho.
Una angustia de jaula vacía,
de boca en grito sordo,
de cifra impar.       
Cuando estoy solo  en algún lugar,
uno.
Cuando estoy con alguien más,
uno y uno.
Cuando estoy cenando,
tres.
Cuando estoy acompañado,
cinco.
Cuando estoy en un bar,
siete.
Cuando estoy en un recital,
nueve, trece, quince, diecisiete y más.
Tengo un sentimiento,
un deseo de no estar en ningún lugar,
que no estás y que muero de soledad,
una angustia
de cifra impar.


El otro

El otro está
en la vereda
del  frente.
Como flor,
abrigo,
puerta,
desamparo.
El otro soy yo
en la mirada
de otro.

Nito Biassi nació en Córdoba cuando la década del 60 empezaba a caminar, entre el amor libre, la no violencia y el dulce aroma de María Juana. Se crío con frases del “Che” y la música de Sui Generis. Escribió porque le gustaba una chica. Escribió porque no le gustaban algunas injusticias. Así creció o crece, hasta ahora, que aún es un ser humano en vías de desarrollo.

martes, 27 de junio de 2017

ANTONIO ESTEBAN AGÜERO (San Luis)



Canción para Saludar al Sol
Desnudo,
con las manos en alto,
Te saludo.
Con gritos de flores,
y suspiros de hierbas,
te saludo.
Como el joven gallo
de cresta morada que presiente
tu marea en la sombra,
te saludo.
Con la voz,
con el pulso,
con el yo,
desde el nudo
de serpientes azules
y escarlatas
donde surge la sangre,
te saludo.
Como un pájaro ciego,
te saludo.
Como una cigarra moribunda,
te saludo.
Como un viejo lagarto,
y una hoja reciente,
te saludo.
Habitado de semen,
sumergido en el polen,
te saludo.
Con relincho
y susurro,
por el potro y la abeja,
te saludo.
Llovido de lagrimas,
alegre,
vencedor de la niebla,
joven,
puro,
percutiendo tambores,
te saludo.
Como el niño que corre
por túneles oscuros
horadando la noche con las
uñas,
te saludo.
Con la piel,
te saludo;
con cada cabello,
te saludo;
con las vísceras todas
te saludo.
Solitario,
desnudo,
masculino,
da pie en la colina
te saludo. 

Digo La Mazamorra
La Mazamorra ¿sabes?, Es el pan de los pobres,
la leche de las madres con los senos vacíos,
-yo le beso las manos al Inca Viracocha
porque inventó el maíz y enseño su cultivo.
Sobre una artesa viene para unir la familia,
saludada por viejos, festejada por niños,
allá donde las cabras remontan el silencio
y el hambre es una nube con las alas de trigo.
Todo es hermoso en ella: la mazorca madura,
que desgranan en noches de viento campesino,
el mortero y la moza con trenzas sobre el hombro
que entre los granos mezcla rubores y suspiros.
Si la prefieres perfecta busca un cuenco de barro,
y espésala con leves ademanes prolijos
del mecedor cortado de ramas de la higuera
que en el patio da sombra, benteveos e higos.
Y agregale una pizca de ceniza de jume,
la planta que resume los desiertos salinos,
y deja que la llama le transmita su fuerza
hasta que asuma un tinte levemente ambarino.
Cuando la comes sientes que el pueblo te acompaña
a lo largo de valles, por recodos de ríos,
entre las grandes rocas, debajo de cardones
que arañan con espinas el cristal del estro.
El pueblo te acompaña cada vez que la comes,
llega a tu lado,¿sabes?,se te pone al oído
y te murmura voces que suben a tu sangre
para romper la niebla del mortal egoísmo.
Porque eres uno y todos, comiendo el alimento
de todos, en la fiesta del almuerzo tranquilo;
la Mazamorra dulce que es el pan de los pobres,
y leche de las madres con los senos vacíos.
Cuando la comes sientes que la tierra es tu madre,
más que la anciana triste que espera en el camino
tu regreso del campo, la madre de tu madre,
- su cara es una piedra trabajada por siglos -.
Las ciudades ignoran su gusto americano,
y muchos ya no saben su sabor argentino,
Pero ella será siempre lo que fue para el Inca:
nodriza de los pueblos en el páramo andino.
La noche en que fusilen canciones y poetas
por haber traicionado, por haber corrompido
la música y el polen, los pájaros y el fuego,
quizás a mí me salven estos versos que digo ...

Digo a Juana Koslay
Capitanes vinieron del poniente
por horizontes de nevada piedra
más allá del Arauco hasta las rucas
donde los Huarpes aguzaban flechas,
o machacaban maíz en la conanas,
o pintaban sus ánforas de greda;
capitanes de yelmo y armadura
sobre caballos con la crin espesa,
que asentaban sus cascos españoles
en este suelo por la vez primera;
masculinos y duros, con la espada
sobre los muslos, y en la faz severa
cicatrices de herida o de malaria
y la fatiga de un millar de leguas.
Recorrieron llanuras donde el jume
les prestaba su luz en las hogueras,
y arenales de luna, y salitrales
donde la Vida se tomaba yerma,
y vadearon un Río en cuyas aguas
era la sed una amargura nueva.
Y una tarde los duros Capitanes,
consumidos de páramo y espera,
hacia el Este del sol y la calandria
vieron de pronto levantarse sierras.
"Aquí será" - dijo una voz de mando -
porque el aire es azul, el agua buena,
y la montaña nos ofrece amparo
si el indio quiere provocarnos guerra".
Y al sentir esa voz descabalgaron,
y tres veces ondearon las banderas.
El Capitán entonces con la espada
trazó en el aire una ciudad aérea,
dibujando la plaza y el ejido,
acá el cabildo, más allá la iglesia,
el fortín al llegar a las colinas,
allá los ranchos de la soldadesca.
Y al mirar una fuga de venados,
con ese nombre bautizó a las Sierras
y a la ausente Ciudad que dibujaba
con el acero de su espada nueva.
Y después silenciosos Michilingues
con su Jefe, Koslay, a la cabeza,
les trajeron la paz en el saludo
y las cosas y frutos de la tierra;
Y entretanto Koslay permanecía
rodeado por arqueros y doncellas,
la hija suya, una hija que tenía
suave los ojos y la cara fresca
y nocturnos cabellos que apretaba
una vincha de plumas como seda,
miraba sonriente y en los ojos
nido le hacia a la mirada tierna
de un soldado español en cuyo pecho
amor ardía en olorosa hoguera;
Gómez Isleño se llamaba, aquí
digo su nombre para que la tierra
no lo olvide jamás porque el soldado
se desposó con la muchacha aquella
y fundó la progenie cuya sangre
da a nuestra gente claridad morena.
Juana Koslay, Juana Koslay, ¡Oh, Madre!
Virgen dulce de Cuyo, Flor de América,
reverente me inclino y te saludo
porque tú fuiste la semilla nuestra
y nos diste color americano
centurias antes que la patria fuera.
Juana Koslay, Juana Koslay, ¡Oh, Madre!
nada guarda tu nombre, ni siquiera
plaza civil, o silenciosa calle,
o troquel de medalla o de moneda,
o fuente comunal o flor de bronce
en San Luis del Venado y de las Sierras.
Pero yo, tu hijo, tu memoria canto,
y hago del verso corazón de piedra
Juana Koslay, Juana Koslay, ¡Oh, Madre!
para que nunca en los puntanos muera.


 Antonio Esteban Agüero, nació en Piedra Blanca (San Luis) el 7 de Febrero de 1917 y murió en San Luis el 18 de Junio de 1970. Se graduó de Maestro Normal Nacional y desempeñó importantes cargos públicos en su provincia. Comenzó a escribir desde su adolescencia. Poeta y prosista obtuvo distinciones por varios de sus trabajos. Colaboró en el suplemento dominical del diario "La Prensa" (Buenos Aires), y en numerosas revistas y periódicos argentinos y extranjeros. En 1970 recibió el título de Doctor Honoris Causa Post-Mortem de la Universidad Nacional de San Luis. Numerosos escritores y críticos argentinos y extranjeros se han ocupado de la obra poética del poeta puntano: Juana de Ibarbouru, Fermín Silva Valdés, José Vasconcelos, Enrique Larreta, Ricardo Nervi, Abelardo Arias, Alejandro Nicotra, etc. Entre sus principales publicaciones se destacan: "Poemas lugareños" (1937), "Romancero Aldeano" (1938), "Pastorales" (1939), "Romancero de niños" (1946), "Cantatas del árbol" (1953), "Un hombre dice a su pequeño país" (1972), "Canciones para la voz humana" (1973) y "Poemas Inéditos" (1978). Estos tres últimas obras fueron publicadas póstumamente por su esposa.-
La fotografía de la presente nota fue recuperada del siguiente sitio:  http://www.eldiariodelarepublica.com/mobile/nota.html?nota=/contenidos/2013/06/19/noticia_0015.html

lunes, 29 de mayo de 2017

FORTUNATO E. NARI (Santa Fe)





HAIKUS

Por mi ciudad,
Rafaela arcangélica,
traigo mi lámpara.

1
Gracias al agua
tierra y cielo dialogan
entre herbazales.

13
El sueño está,
pero no sé si existe
el soñador.

22
Ya casi nadie
sabe mostrar el sitio
donde está Dios.

33
El llano inmenso
se asombra al ver la luna
que nace inmensa.

38
Es la llovizna…
con su larga enseñanza
de mansedumbre.

52
El agua, el alma
el manantial de luz…
y yo, el abismo

66
No era una estrella
esa luz en la nada.
Era un abismo.

87
Con tanta luz
todo está confundido,
salvo la piedra.

120
Mi copa de humo
ya no cabe en mi pecho
que llora ausencias.

127
Bajo la noche
podía oír la luz
que regresaba…


Fortunato Esteban Nari nació en Monte Obscuridad. Vive en Rafaela (ambas localidades de la Provincia de Santa Fe). Publicó los poemarios Ventana de vacaciones, Polen y cenizas, El ángel y la tormenta, Serafín sin fin, Contemplador de Crepúsculos, la versión bilingüe de su poemario traducido a la lengua italiana: Polline e cenere, Pensamiento del pájaro, Inmensa hierba y De fácil alma, tres recientes volúmenes de haikus. Su novela breve El hijo de Medea, obtuvo el premio en el primer concurso literario realizado por la Municipalidad de Rafaela. Sus obras teatrales publicadas son Rey en el exilio, La tierra está, El habitante, La consumación del topo, Aves mágicas, El canto de Medea y Atalaya del trébol azul. En sus ciclos de teatro leído, el elenco de Las dos carátulas (LRA Radio Nacional) ofreció sus obras Rey en el exilio, La juntadora de huesos y Azarías (esta última obtuvo el premio de la Dirección Nacional de Radiodifusión). La obra Rey en el exilio fue estrenada en Rafaela y publicada gracias a la obtención del premio de la Dirección General de Cultura de la Provincia de Santa Fe. La Universidad de Colorado dedicó una jornada a su obra de teatro El Habitante (distinguida en el certamen del ITI Instituto Internacional del Teatro correspondiente a la UNESCO). A propósito de la misma una publicación barcelonesa considera a Nari uno de los dramaturgos temáticamente más ricos de la Argentina contemporánea.

Los haikus fueron extraídos de su libro Inmensa hierba y la fotografía fue tomada del sitio Web: 
http://www.rafaela.com/



martes, 25 de abril de 2017

ORLANDO VAN BREDAM (Formosa)


Ciclo

Todo tu tiempo
es este espacio de árboles
que disuelve la lluvia.
Envejeces
con la misma lentitud de la hormiga que devora una hoja
pero envejeces.
La memoria es esta vieja colmena abandonada,
detrás de sus altos pastizales
has perdido la huella de otros días.
Ya no forcejeas con el sol.
Rehúyes los espejos.
Tus ojos son avispas luchando entre los escombros.
Las palabras inválidas
se mueren en tu boca.

Te hurgas el corazón.
Es una casa enmohecida de zaguanes clausurados,
ha disuelto tantas sales siniestras del otoño,
tiene una música tan áspera
como los dientes del invierno.

Sin embargo,
sigues besando los pies del día.
Has sobrevivido a tantos nombres
que hoy distraes la memoria.
¿Pero cuándo la palabra oscura,
la inefable hoguera?


Teoría y práctica

I

No todo era así como pensábamos:
el futuro entre fuegos de artificio
y la luna al alcance de las manos.

Porque no todo era así, fue necesario
ir acomodando los pedazos:
el corazón en su trinchera, los ojos fijos
en la ruta fija,
los dedos sin temor, siempre lavados,
y el alma, si es que existe, en otra parte.

No todo era así pero no es malo
vivir lo que se vive sin recetas,
sin nada ni nadie que nos diga
dónde comienza la sed y dónde acaba.

II

¿Y para qué sirve una poesía?
¿para qué, si no acerca una luz al desconcierto,
una mínima luz,
un mínimo escalón donde pararnos
para entender el mundo
y ejercitar la cólera o el júbilo o el grito, en fin,
lo que se pueda, amigos?

Ciertas poesías no sirven para nada.
Ninguna poesía sirve, en realidad.
Es la vida la que sirve a la poesía,
a esta esquiva diosa de lo ambiguo
y a su enfermizo esplendor y a sus horrores.

Poema 9

En esta casa fui feliz.
Eramos cinco alrededor del fuego
donde crepitaba la inocencia.
Las ventanas se abrían a la tarde
y un aroma dulzón buscaba el cielo.

Las puertas tenían música, recuerdo.
Tenían dulcísima música ovillada.
Si alguien las abría
los pájaros que dormían en sus vetas
despertaban
y les crecían alas
y picos
y plumajes.

La casa quedaba, entonces, suspendida
y en una red de cantos, enjaulada.




Mientras dure la luz

Mientras dure la luz,
mientras mis ojos
celebren tu figura a mi costado
y mi cara salga a andar en los helechos
y se apiaden de mí todas las garzas, 
diré que soy feliz, 
que el mundo es esto:
una heredad con sol, un pan benigno,
un ramo de niños a la mesa.
Si supiera cantar, si mi voz diera
con el acento claro, 
con el ritmo, 
no escribiría más, 
asolaría
la deliciosa flor de una guitarra;
porque el hombre que canta determina
un clima propio, 
una estación andante,
una lluvia gozosa que nos llueve
donde él es una sola pulsación con su garganta.
Por eso agrego a este mundo mis palabras, 
estas flores nocturnas, 
estos vuelos,
este alunizaje solitario, 
como una ofrenda a la luz que me convoca, 
como una piedra común y taciturna
en la muralla cambiante del lenguaje.



Los tres primeros poemas fueron extractados de la Antología Poética Argentina (http://vapatomoi.blogspot.com.ar/2010/03/orlando-van-bredam-ciclo-todo-tu-tiempo.html) y el último de Uruguay – Espacio Latino
Los datos biográficos se obtuvieron del siguiente sitio Web:

Orlando van Bredam (Villa San Marcial, Entre Ríos, 1952), es un escritor, ensayista y docente argentino. Es licenciado en Gestión Educativa con un master en Lengua y Literatura. Trabaja como profesor en las cátedras de Teoría Literaria y Literatura Iberoamericana en la Facultad de humanidades de la Universidad Nacional de Formosa, provincia donde reside en El Colorado. 
Ha abordado el cuento, la poesía, la novela breve, el ensayo y el teatro. Ha publicado, entre otras: La estética de Armando Discépolo (ensayo, l974), La hoguera Inefable (poemario, l981), Los cielos diferentes (poesía, Premio Fray Mocho l982), Asombros y condenas (poesía, Premio Fernández de Peirotén l986), Fabulaciones (cuentos, l989), Simulacros (Cuentos, 1991), La vida te cambia los planes (minificciones, l994), Las armas que carga el diablo (minificciones, l996), De mi legajo (poesía, Primer premio nacional José Pedroni).
Obtuvo, con su novela Teoría del desamparo (2007), el premio Emecé, uno de los más antiguos que se otorgan en el país. Ha estrenado numerosas obras teatrales en la región. 
Es un narrador que juega con la ironía y el humor y que, a través de su escritura, describe el mundo corrupto y desigual al que está sometido el ser humano. Sus personajes rozan lo verosímil y siempre consiguen atrapar al lector. Ha sido incluido por Mempo Giardinelli en dos antologías nacionales de cuentos. Algunos textos suyos han sido traducidos al portugués y al flamenco.