martes, 25 de abril de 2017

ORLANDO VAN BREDAM (Formosa)


Ciclo

Todo tu tiempo
es este espacio de árboles
que disuelve la lluvia.
Envejeces
con la misma lentitud de la hormiga que devora una hoja
pero envejeces.
La memoria es esta vieja colmena abandonada,
detrás de sus altos pastizales
has perdido la huella de otros días.
Ya no forcejeas con el sol.
Rehúyes los espejos.
Tus ojos son avispas luchando entre los escombros.
Las palabras inválidas
se mueren en tu boca.

Te hurgas el corazón.
Es una casa enmohecida de zaguanes clausurados,
ha disuelto tantas sales siniestras del otoño,
tiene una música tan áspera
como los dientes del invierno.

Sin embargo,
sigues besando los pies del día.
Has sobrevivido a tantos nombres
que hoy distraes la memoria.
¿Pero cuándo la palabra oscura,
la inefable hoguera?


Teoría y práctica

I

No todo era así como pensábamos:
el futuro entre fuegos de artificio
y la luna al alcance de las manos.

Porque no todo era así, fue necesario
ir acomodando los pedazos:
el corazón en su trinchera, los ojos fijos
en la ruta fija,
los dedos sin temor, siempre lavados,
y el alma, si es que existe, en otra parte.

No todo era así pero no es malo
vivir lo que se vive sin recetas,
sin nada ni nadie que nos diga
dónde comienza la sed y dónde acaba.

II

¿Y para qué sirve una poesía?
¿para qué, si no acerca una luz al desconcierto,
una mínima luz,
un mínimo escalón donde pararnos
para entender el mundo
y ejercitar la cólera o el júbilo o el grito, en fin,
lo que se pueda, amigos?

Ciertas poesías no sirven para nada.
Ninguna poesía sirve, en realidad.
Es la vida la que sirve a la poesía,
a esta esquiva diosa de lo ambiguo
y a su enfermizo esplendor y a sus horrores.

Poema 9

En esta casa fui feliz.
Eramos cinco alrededor del fuego
donde crepitaba la inocencia.
Las ventanas se abrían a la tarde
y un aroma dulzón buscaba el cielo.

Las puertas tenían música, recuerdo.
Tenían dulcísima música ovillada.
Si alguien las abría
los pájaros que dormían en sus vetas
despertaban
y les crecían alas
y picos
y plumajes.

La casa quedaba, entonces, suspendida
y en una red de cantos, enjaulada.




Mientras dure la luz

Mientras dure la luz,
mientras mis ojos
celebren tu figura a mi costado
y mi cara salga a andar en los helechos
y se apiaden de mí todas las garzas, 
diré que soy feliz, 
que el mundo es esto:
una heredad con sol, un pan benigno,
un ramo de niños a la mesa.
Si supiera cantar, si mi voz diera
con el acento claro, 
con el ritmo, 
no escribiría más, 
asolaría
la deliciosa flor de una guitarra;
porque el hombre que canta determina
un clima propio, 
una estación andante,
una lluvia gozosa que nos llueve
donde él es una sola pulsación con su garganta.
Por eso agrego a este mundo mis palabras, 
estas flores nocturnas, 
estos vuelos,
este alunizaje solitario, 
como una ofrenda a la luz que me convoca, 
como una piedra común y taciturna
en la muralla cambiante del lenguaje.



Los tres primeros poemas fueron extractados de la Antología Poética Argentina (http://vapatomoi.blogspot.com.ar/2010/03/orlando-van-bredam-ciclo-todo-tu-tiempo.html) y el último de Uruguay – Espacio Latino
Los datos biográficos se obtuvieron del siguiente sitio Web:

Orlando van Bredam (Villa San Marcial, Entre Ríos, 1952), es un escritor, ensayista y docente argentino. Es licenciado en Gestión Educativa con un master en Lengua y Literatura. Trabaja como profesor en las cátedras de Teoría Literaria y Literatura Iberoamericana en la Facultad de humanidades de la Universidad Nacional de Formosa, provincia donde reside en El Colorado. 
Ha abordado el cuento, la poesía, la novela breve, el ensayo y el teatro. Ha publicado, entre otras: La estética de Armando Discépolo (ensayo, l974), La hoguera Inefable (poemario, l981), Los cielos diferentes (poesía, Premio Fray Mocho l982), Asombros y condenas (poesía, Premio Fernández de Peirotén l986), Fabulaciones (cuentos, l989), Simulacros (Cuentos, 1991), La vida te cambia los planes (minificciones, l994), Las armas que carga el diablo (minificciones, l996), De mi legajo (poesía, Primer premio nacional José Pedroni).
Obtuvo, con su novela Teoría del desamparo (2007), el premio Emecé, uno de los más antiguos que se otorgan en el país. Ha estrenado numerosas obras teatrales en la región. 
Es un narrador que juega con la ironía y el humor y que, a través de su escritura, describe el mundo corrupto y desigual al que está sometido el ser humano. Sus personajes rozan lo verosímil y siempre consiguen atrapar al lector. Ha sido incluido por Mempo Giardinelli en dos antologías nacionales de cuentos. Algunos textos suyos han sido traducidos al portugués y al flamenco.

jueves, 23 de marzo de 2017

ALDO LUIS NOVELLI (Neuquén)


mínimo mundo
 a Gonzalo fragui
por el cielo del planeta giran miles de aparatos

desde una cabina acerada
un hombre
pulsa botones y observa un monitor gigante.

Ahora cruza sobre un desierto en el fin del mundo
un campamento petrolero invadido de arcilla.

el aburrido operario pulsa botones
acerca la imagen.

algunas casas, una escuela de dos aulas
negras cigüeñas metálicas.

La placita, un banco
y un chico de seis años balanceando las piernas.

pulsa más botones, acerca más
llega hasta los ojos.

el reflejo de esos ojos infantiles
muestra un árbol de manzanas brillantes
un columpio de vaivén
el soldadito de plomo herido
un superhéroe con los pies en el barro.

ahora el chico mira hacia arriba
ve una fantástica estación espacial
un hombre abatido observando un  monitor
vigilando sin afán sueños ajenos

ese hombre parece llorar.


revolución

aún la espero
como un dulce aguacero que lave
los peores recuerdos.

aún espero
su palabra subversiva lamiendo mi piel.

aún espero
esa líquida revolución
en la anarquía de los cuerpos.


sueño de mariposas
a Carlos Spinedi

no soy Chuang-Tzú
soñando ser una mariposa
ni la increíble mariposa que sueña
ser Chuang-Tzú.

soy el sapo que se comió la mariposa
en el instante onírico que se tocaron ambo seres
y de esa forma
le he evitado horas de diván a Chuang-Tzú
y serios problemas de identidad
a incalculables mariposas.


salto
a paula Yende

el error
no es saltar al vacío
desde la cornisa de la palabra

sin una red que contenga
frases gastadas y sintagmas sin fe.

el error es creer
en la gloria de ese salto.


amorsaurio

nos rozamos en la calle.

le acaricié el pelo en la esquina.

hablamos de las injusticias del mundo
cerca del basural

nos amamos con los restos
del cuerpo.

antes de dormirme
le leí un cuento de Monterroso.

… y cuando desperté
ella ya no estaba allí.

danza final

el poema es la adversidad.

el poeta es un bailarín invisible entre sombras.

o el poema es una luz roja girando en medio del camino
y el poeta viaja herido de muerte /
                                                dentro de esa ambulancia.

la poesía se parece a esa ambulancia que cruza rauda
la noche.

el poema es finalmente un homicida

y el poeta carga con su culpa ancestral.     



Aldo Luis Novelli. Poeta, cuentista, ensayista, inquisidor del alma humana y habitante de bares nocturnos. Trabaja como analista de sistemas, dicta talleres literarios y hace esporádicamente periodismo cultural y crítica literaria.
Nació en la ciudad de Neuquén en una madrugada de juerga y carnaval. Vivió hasta los 13 años en Challacó, un campamento petrolero en medio del desierto patagónico, hoy un caserío fantasma y luego vagó por el país hasta retornar a su terruño, la ciudad de las manzanas prohibidas enclavada en el valle de las quimeras, donde reside actualmente. 

Los poemas y la biografía fueron obtenidos del libro mínimo mundo, Ediciones llanto de mudo, 2012  

viernes, 24 de febrero de 2017

ALICIA LOZA (Córdoba)




El frío

Cruzo esta oscura noche
ardiendo de invierno.
Taladra mi alma
el chasquido de tu frío.

Arden los vinos de tus ojos,
tiemblan los huecos de tu piel.
Perro manso, quieto,
ensoñado e insomne.

Hoy, la vida me absuelve con panes y soles.
Y muero en el llanto,
cobarde:
No animarme siquiera
a probar del jarro de tu agua.

El frío
ha clavado esta noche su puñal más artero
en la esperanza de tu pecho
y te redime.

Cruza esta oscura noche de invierno
el infierno.
Corta, hiere y me condena
el filo
de este frío.


El Tigre y La Muerte

Retumbaron llamados de tambores desde el fondo del Oscuro.
Los últimos latidos del Tigre sangraban ecos temblando hondo los espíritus de la montaña.

Un relámpago agudo
 quebró de miedo la danza suave de las manos.
Una llamarada de luz,
Iluminó la  ronda ensoñada de néctar invisible que velaba
el círculo  espectrante.

Saltó intempestiva su belleza feroz
desgarrando el centro de las llamas.
Su mirada furiosa y sedienta
 clavaba de terror el  ardiente sacrificio.
Sus fauces escupían gemidos incendiados de lava.
Un aullido de otro tiempo estalló el fulgor del instante
y despedazó el dolor animal en mil paisajes brutales temblando de tormento.

Lo vieron  quemarse en el fuego, desgajarse astilla por astilla
sagrado de oros.
La infinita garganta del averno fue tragando sus restos con saliva de hiel.

Flautas ancestrales, olores dulces y antiguos lo acicalaron yermo.
Una brisa de cenizas fantasmales y un túnel de ojos lamentarios
 cortejaron la blanca estela tendida  para su viaje hacia el abismo final.
El pájaro de la noche, alado de duelo desplegaba ya sus cascabeles.

La Muerte, celebrando su regreso al hogar, se contorneaba  satisfecha
en un vals de risas y de hienas arpías.


Espejos

Me vi en los espejos de la casa.
Mil espejos que se mueven,
me rozan,
 y me tocan de a poquito.
Y soy frágil

Me susurran olores trasnochados,
y me cantan tenuidades.
Y soy más frágil.

Mil espejos me rodean,
suaves, ondulantes.

Ahora me miran casi urgentes.
Y necesito y quiero ser más frágil.

Mil espejos ya se quiebran
y me marcan
de sonidos lascerantes.

Me veo en los espejos de la casa.
Los quiero así:
locos,
                             exquisitos,
                                                                           interminables.


La noche

La noche me hunde
tibia, mansa , profunda.
Descanso,
 reparo mi alma de tanto sol.
Bebo los tragos que el día censura.      
 Veo en la oscuridad lo que el sol oculta
lo que el sol miente.
Los vestidos de los desnudos
 embellecen
Los corazones de los tristes
 consuelan.
Los colores de las almas
 brillan.
Los  inocentes
creen.
Tomo del  mismo jarro
y hermano los  cantares 

Desde  el fondo,
desde el negro
crecen flores
nacen  canciones
que la mañana apaga
con su brutal verdad.


La risa

Me despierto delgada y gris
y al  verme en el espejo intento  volver y quedarme así
tendida hacia ese sitio adonde no hay nada. Solo silencio. 
Sé que debo levantarme y abrir la puerta de mi armario.
Escucho colgados los trajes de mis risas.
Elijo uno verde esmeralda que cae en cataratas de aliento y de soles.
 Es el día de visitas.
 Me queda bien.
Mi rostro muestra colores de alegría.
Mi voz canta canciones y las risas me brotan armoniosas.
Vuelvo  tarde.
Me quito el traje y prolijamente lo acomodo de nuevo en mi armario.
Me miro en el espejo delgada y gris y me quedo tendida hacia ese sitio adonde no hay nada. 

Alicia Loza De Mendiolaza Provincia de Córdoba. Un lugar  que marcó su vida desde muy pequeña por la belleza, la tranquilidad y la sensibilidad inspiradora del paisaje. Escribidora de cuentos, poemas, canciones  y relatos desde hace muchos años.
Participa en diversos grupos y talleres literarios en Córdoba. Publica en grupos de poetas y de arte. (Latidos de Poetas y Todos por el arte) y en su Blog personal
Abogada (UNC) Mediadora .

viernes, 27 de enero de 2017

DAVID LAGMANOVICH (Tucumán)


                                                En el principio

en el principio fue un silbo
apoyado en los álamos
transcurriendo sin prisa

después surgieron los armónicos
misteriosos
acompañantes imperceptibles

desde el prado
llegaban
los ecos de los pasos
y un batir de palmas

allí estaba la música
pero no lo sabíamos


                                                   Lo fugitivo

Aquellos años:
Las avenidas casi desiertas,
el yuchán florecido y luego los tarcos y lapachos
la retreta del domingo en la plaza,
pausados tés en el hogar de alguna niña casadera,
el olor de una biblioteca de libros franceses,
los tranvías quebrando la quietud de la tarde,
el coro recorriendo madrigales,
los azahares en el patio del convento,
tu vestido de domingo en la distancia.

Sólo la música permanece.


3. Milonga del ángel

la vida no es una milonga
la milonga es la vida

taconea rejuntando rencores
repasa la traición del olvido
las víctimas del alba
el ladrillo gastado del boliche

y de pronto es la luz
que surge de un solo de guitarra
cuando ya no quedaban cuerdas ni gargantas.

6. Sex – tet

somos más porque somos lo que fuimos
somos los compadritos de Carriego
y los compinches de Ginastera
Arolas nos prestaba algunos destellos
pero otros venían de don Osvaldo o de Salgán
inclinados los dos
sobre sus pianos
de todos aprendimos
a imitarlos para no ser como ellos
cuando los niños anunciaron
que se había acabado el tiempo de los juegos
y que ahora había que jugarse el pellejo
para ser de una vez

7. Luna

no había más que decir porque la luna
decía por nosotros el patio las glicinas
el fulgor de la carne temblando en el abrazo

aquello lo perdimos

esto es lo que nos queda
indiferente a nuestros sentimientos
nocturna belleza inasible
lejana
inmortal



La imagen que acompaña esta notafue tomada del siguiente link: http://micropolis.pe/?p=4002

David Lagmanovich (Huinca Renancó, Córdoba, Argentina, 1927 - San Miguel de Tucumán, Argentina, 2010) Ensayista, periodista, crítico literario, narrador y poeta  vivió largos años en Tucumán donde desarrolló la parte más importante de su obra. Enseñó Literatura en diferentes universidades de Argentina, América y Europa. Publicó más veinte obras en Argentina, España, e Italia entre otros países. Ampliamente conocido por su labor como Estudioso y cultor del microrrelato, su labor poética ha sido relegada en muchas biografías.Ha publicado los poemarios  Circunstancias, Ocasiones, La música, Oficio de palabras y Potencias de la música, entre otros. Los poemas de la presente nota fueron extractados de su libro Potencias de la música, Ed. Cuadernos de Norte y Sur, Tucumán-Buenos Aires, 2003.