viernes, 29 de noviembre de 2019

ROCÍO WITTIB (Buenos Aires)


ahora que ya es después

y todavía ahora

sabemos que vuelve a ser cierta

inútil pero cierta

la vida



deberías ya comprender

que no basta

ser

ni estar

ni quedarse

cuando la piel que busca piel en su deriva

solo alcanza un suspiro vano

que no sabe morir

y con nada puede matarse



sucede a veces

así de pronto

cuando todas las preguntas

han quedado respondidas

pero aquello que sabemos

nos sigue interrogando



dirán que todo pasa

que no hay nada que el tiempo no cure

que poco a poco

que queda mucho por vivir

pero la poesía será siempre

el corazón roto del mundo

y eso no tiene consuelo



nací sin dios sin esperanza con convencimiento

nací antes de mí en el primer hombre y en el último cada día

nací con un llanto que es ahora y para siempre incertidumbre

nací huyendo a ningún lugar esquivando el destino

nací para llorar el mar para oír el bosque dormido en la niebla

nací diciendo lo que no sé callar callando lo que quiero decir

nací con todos estos versos incapaces de alcanzar la poesía

nací –insisto– insistiendo en la deriva renunciando a la renuncia

nací espera tal vez qué importa lo siento hasta siempre te quiero

nací eso es todo que mi vida me perdone



vivir es como estar a un lado del puente

y no saber que al otro lado

el puente ni siquiera existe




Rocío Wittib (Buenos Aires,1989). Ha publicado poemas en varias revistas virtuales y en papel, como Círculo de Poesía (México) y Cuadernos Hispanoamericanos (España). Publicó el libro Poemas para perseguir sin prisa el silencio (2016), en la editorial portuguesa Temas Originais. Sus poemas han sido traducidos al italiano, rumano y portugués. También es aficionada a la fotografía, publica sus trabajos en redes sociales y en captura.org. Actualmente vive en Pamplona y trabaja en su nuevo poemario, del que formaran parte estos poemas.



Todo el material que compone esta entrada fue tomado del sitio Web PenúltiMa. Una revista literaria y se puede acceder en el enlace  https://revistapenultima.com/poemas-ineditos-de-rocio-wittib/


sábado, 2 de noviembre de 2019

MARIO NESTOROFF (Chaco)



POEMA PARA UNA DESPEDIDA

Cuando me muera,
cuando mi corazón se vuelva pájaro
al otro lado de un mar sin sueños,
vendrá la luna sobre el campo abierto
a prenderme la cruz de su tristeza.
Cuando me duerma,
cuando mi corazón se forme crisantemo,
vendrán los grillos bajo el cielo puro
con su cansina música de cuerdas.
Cuando me calle,
cuando ancle el buque de mi vieja pena
en la bahía azul que me enamora,
vendrán las golondrinas del verano
para darme quizás su enhorabuena.
Cuando me olvide,
cuando se canse de latir mi pulso,
en un octubre denso de violetas,
vendrá a contarme el viento de la tarde
una canción que ya no me despierte.
Cuando me vaya,
cuando tus ojos vengan a decirme
un transparente adiós que ya no duela,
desde otro cielo claro y luminoso
te miraré con mi mirada nueva.

LA MÁQUINA DE ESCRIBIR

De puro integrar el paisaje de la sala
la vieja máquina de escribir pasa inadvertida.
Una piadosa pátina de polvo
la condecora de olvido y de melancolía.
La máquina estoica y guerrera,
si pudiera,
cuantas cosas diría,
acerca, por ejemplo, del cosmos y la hormiga.
Pero está muda, silente,
está como dormida,
acunando cuentos de hadas,
cartas de amor jamás escritas,
y hasta una pizca de filosofía.
Si acaso despertara
al simple soplo de la muriente tarde,
yo le sugeriría que te dijera, amada ausente,
que es como el horizonte la vieja pena mía.

CANTO AL CHACO
 Cielo en el campo de algodón, y cielo,
cielo en el cielo tibio de mi Chaco.
La luz del viento Norte que se agita
sobre el extenso monte de quebrachos.

Ardiente sol que alumbra nuestros huesos
y nos ciñe con sombras a la tierra.
Luna, que entibia las aldeas dormidas
y que al Este engalana las palmeras.

Tierra de pumas, yararaes y ciervos,
desde el fondo del tiempo el indio toba,
viene abriendo picadas en sus montes
y manchando sus riachos de canoas.

Esta es mi tierra donde se ara y canta.
Este es mi Chaco, algodonal tendido
al viento de la tarde que lo ondea
como a un blanco pañuelo estremecido.

Esta es mi tierra donde el hombre calla
y el fatalismo muerde sus entrañas,
cuando en el cielo un drama de langostas
ensombrece las tierras cultivadas.

Tierra de tradición, de mate amargo,
de asados al fogón y de rasguidos.
tierra de gauchos, donde algún asunto
se discute a relumbre de cuchillos.

Haciendo un viaje por aldeas y pueblos,
un latido de paz se nos ahonda.
la beatitud emerge de las gentes,
la sencillez se escapa de las cosas
La raza toba señoreó este suelo
cuando el sol era sol y el monte, monte;
aún perduran algunas tolderías,
como un sueño escapado de la noche.

Indio de piel oscura y ojos tristes,
enraizado en las selvas de esta tierra:
deja que nombre tu dolor, hermano,
hoja del árbol de una raza muerta.

Este es mi pago al Norte de mi Patria,
tierra abierta a las luces del progreso,
que va al encuentro de un llamado viejo,
que va al encuentro de un destino nuevo.

Nuestra tierra nos llama y nos amarra.
Es nuestro corazón eterno preso.
Quien mil veces partió, volvió otras tantas.
Nuestra alma está hecha de regresos.

Llegue mi pobre canto hasta los montes,
y trepe mi cariño a sus quebrachos,
Porque estoy lejos, como un niño triste
llevo en el alma el cielo de mi Chaco.

POETA EN LA CIUDAD
Desde éste promontorio yo la miro.
Es la enorme ciudad, luz y misterio.
Me digo “Es un monstruoso cementerio”.
Y el llanto se adelanta a mi suspiro.
Con saña muy del siglo al frío cemento
Ha obturado hasta su último intersticio.
Y encerrada en sí misma, en su artificio.
Se yergue la ciudad como un lamento.
Te abandono moderna catacumba
Con tu dolor inmenso que es el velo
Del misterio de todas tus ventanas..
Y parto porque quiero que mi tumba
Tenga un poco de pasto, algo de cielo,
Y sea cavada al sol de una mañana.

Mario Nestoroff, hijo de padres búlgaros, nació en Las Breñas, Chaco, el 21 de agosto de 1936.  Estudió en el Colegio Nacional “Juan José Urquiza” de Concepción del Uruguay. Posteriormente en Buenos Aires comenzó la carrera de Abogacía que no concluyó, en virtud de sus inquietudes y carácter. Trabajó en Buenos Aires en un estudio jurídico y muy joven ganó el Concurso Nacional de “Canto a las Provincias” del diario “Clarín” en 1960, con su trabajo titulado “Canto al Chaco”, otorgado por un prestigioso jurado: Enrique Larreta, Jorge Luis Borges, Fermín Estrella Gutiérrez, Ricardo Molinari y Lisardo Zía. A raíz de esta distinción el mencionado diario lo incorporó al plantel de redactores donde se mantuvo por algún tiempo. Posteriormente desempeñó los cargos de Receptor de Rentas de la Municipalidad de San Bernardo y Auxiliar Administrativo de la Municipalidad de Sáenz Peña, Chaco. Se desempeñó también en la redacción de “El Territorio” donde fueron publicadas obras suyas. Recorrió gran parte del país, de tal modo que vivió un tiempo en Misiones y después en Río Negro y otras provincias argentinas. Viajó a la patria de sus mayores, Bulgaria, donde permaneció durante un año y medio, residiendo en Sofía, la capital. Allí asistió a cursos universitarios, entre 1964 y 1966. En circunstancias inesperadas dejó de existir el 21 de agosto de 1980

martes, 1 de octubre de 2019

SANTIAGO ROUAUX (CABA)



PEDIDO

No te lleves la luz,
el milagro de la luz.
No me dejes
echado a mi suerte
como un náufrago atado
a una balsa de piedra.
Yo no sé
cuidar de mí,
no sé ahuyentar
ese pájaro oscuro
que frecuenta los mediodías.


POEMA DE LA ALAMEDA

 ¿Por qué dormías a esa hora
recostada en la alameda? ¿Por qué
a esa hora y en la alameda? ¿Venías de la huerta
y el sueño te alcanzó en el camino?
¿O fue alguna otra sombra
la que te abordó, digamos la tristeza?
¿Andabas triste últimamente? ¿Era eso?
¿Por qué fingías entonces
no necesitar a nadie?
¿Querías cuidarnos? ¿Por eso te escondías?
¿O te costaba mencionar ciertas palabras, ciertos
pasajes de tu vida?  
Vos, que cuidabas de todos,
¿dónde guardabas tus propias penas, en qué baúl
del alma las preservabas?
¿Era grande tu peso? ¿Te agobiaba?
¿Por eso llegaste a la alameda?
¿Necesitabas olvidarte
por un rato de todo,
dormir como lo hacen los niños,
ajenos al mundo y su caos?
¿Querías no pensar en nada,
en nadie?

¿Lo lograste? 


LAGO ESCONDIDO

Iba por la tarde al Escondido
con el juego de mate
y un libro de poemas de Whitman
que nunca leía.

Vos, en cambio, ibas por la noche
a nadar con amigos.

Al día siguiente,
yo buscaba tus huellas en el agua,
porque siempre dejabas
algo para mí: una ramita de arrayán,
un aro de alpaca
o una media flotando a la deriva.


SIRENAS

 ¿Quién dijo que las sirenas
son crueles con su presa? ¿Quién,
que la víctima es aquel
que se arroja por la borda
con las botas puestas y sin siquiera
saber nadar? Peor castigo
es haber oído su canto,
atado a un mástil,
y seguir vivo para contarlo.


DESPEDIDA

tengo la impresión de que en nosotros
hablar de amor
era hablar de un juego del lenguaje


Santiago Rouaux nació en Buenos Aires en julio de 1984. Estudió Letras y Psicología en la UBA. Publicó las novelas Hilario y Clara (Tocoymevoy Ediciones, 2012) y La casa sola (Tocoymevoy Ediciones, 2013). Formó parte de la antología poética Estaciones (La Parte Maldita, 2013).

La fuente de estos poemas son las siguientes páginas
CÍRCULO DE POESÍA. Nuevos poetas de Buenos Aires. Disponible en el siguiente enlace:
El Muchacho de los helados – Blog de poesía  disponible en:
De este sitio fue tomada también la fotografía del autor.
La biografía se corresponde clon la publicada por el sitio Web Modesto Rimba

domingo, 1 de septiembre de 2019

CAROLINA MUSA (Santa Fe)



La despedida
El retraso invariable del colectivo
esta vez roto en Pocitos.
Mi viejo sentado en un banco de la terminal
el perro sarnoso a un lado
varios pibes gatean por el suelo
cerámico, fresco. Al fin
viene, nos abrazamos
rápido porque hace calor
y el chofer está apurado.
Arriba el combo incluye olor a chivo
+ televisión encendida
+ ringtones de celular.
El barrio nuevo es esa fila de puntos
rojos sobre el horizonte
bajo uno de los cuales mi amiga de la infancia
con minuciosidad absoluta
cortará las verduras de la cena.
Un viejo en bicicleta
pedalea exigido
con una escalera bajo el brazo.
Me voy de Orán.
Un carancho se lame las alas
sobre un tronco quemado hueco.
Después la oscuridad
abrupta, a los costados se apaga todo
excepto la memoria en el cuerpo los indicios
de esto que intuyo siempre prematuro           ¿duele?
No, no duele.
Esa cantidad de desperdicios sobre los techos.
Quince minutos todavía
no llega la extrañeza
el asombro llueve pasando Chalicán
llueve torrencialmente
y juraría esta noche croa un sapo
acá arriba, adentro.

Postal de verano
Con las valijas en la vereda
de la casa de la infancia es decir las valijas
en la infancia misma, de algún modo
(los vecinos duermen)
podría robar el cartel de la despensa
la claridad, el cielo, la basura del corso
tirada entre los yuyos
para mi colección de souvenirs:
aerosoles sin nieve, botellas de plástico
papeles, bolsas, envoltorios
y hojas de coca masticadas y escupidas
(un sarpullido triste sobre el suelo)
En la esquina
-justo bajo el farol clueco
donde fumó Agustín en los noventa
con un gesto viciado de galán de TV-
estaciona el camión municipal
y se apean dos mamelucos amarillos
cargando una hoja de palmera
y una pala de albañil.
Uno barre,  el otro junta.
La sincronía es imperfecta, de hecho
parecen dos robots drogados cada vez
que uno barre la polvareda sube
amontona los papeles y envoltorios
levemente hacia el cordón, el otro
arrastra la pala por la calle duda
antes de acometer contra el apenas montículo
después tira el cargamento de la pala en el camión
con lasitud enervante, ambos
de súbito se detienen:
el de la pala se apoya sobre ella y cruza los pies
como un bailarín en descanso
el otro nada más ve la coupé taunus
que dobla la esquina y me descubre
espiando en plena calle, por si acaso
no levanto la mano, el de la pala
me devuelve indiferencia: bosteza
a tempo con la ruinosa casi escoba
que agita lánguida el polvo, la polvareda sube
la claridad acobarda.

Mi balcón
Calentador eléctrico.
Plato de loza blanco.
Maceta de barro sin planta.
Madera de Bolsón.
Uno arriba de otro no en este orden sino
a la inversa:
Madera de Bolsón sobre
Maceta de barro sin planta sobre
Plato de loza blanco sobre
Calentador eléctrico.
Atrás el esqueleto de una silla tonet.
Arriba la soga con broches de colores.
A la derecha un banco de trabajo.
A la izquierda un cactus patagónico anciano,
único espécimen que resiste
la insistencia inanimada de mi
balcón,
con su horizonte amputado en el ventanuco
del baño de los vecinos



Carolina Musa Nació en Rosario. Durante su adolescencia vivió en Orán  provincia de Salta. A los 18 años, volvió a su ciudad natal.
Artesana, correctora, y Licenciada en Comunicación Social, también realizó estudios en cine y museología. Paticipó en el taller de escritura coordinado por Marcelo Scalona y desde 2010 coordina el suyo para niños. Entre sus lecturas en público se encuentran el XIX Festival Internacional de Poesía de Rosario, y varios ciclos más. La editorial Tropofonía le editó en 2011 su primer libro Acústico. De allí es el primer poema que nos lee de los cuatro que podés escuchar en el micro radial que te dejamos.

miércoles, 31 de julio de 2019

INÉS ARÁOZ (Tucumán)




Tucumán

Y cuando piso el extendido rodal de oro
Que la piedra echó a mis pies
Sé que estoy ante la abundancia del mundo
Y los mendigos de la ciudad que lo pisan
Son mis hermanos, de entre ellos yo una
Los dueños de la ciudad
(Esta ciudad vieja y luminosa)
Una mano entrega a la otra
La espiga de trigo y cajas vacías
Cosas para portar sobre los hombros
Por la ciudad devastada

Un lapacho, un solo lapacho ha florecido
En toda la ciudad
Y es la luz que la alumbra
Y que se esparce por el suelo y desborda
Los pequeños cráteres de adoquines disueltos


Poema

Cada cifra del poema
Tomaba su valor
Del lugar que mis dedos le asignaban
Sobre el teclado
Y yo, sin palabras, transcribía
Leía una partitura interna
Una voz en realidad, un sonido
Dios.


Iruya

Que puedo decir del paisaje
Si todo lo olvido al segundo
Salvo la imagen de mi cuerpo osado
Mirando en lontananza
Es esto lo que queda: un inmenso
Cuerpo de puro espacio
De puro espacio
Y silencio
Pero sobre todo un muro
La mía frente
Resistiendo ese frasco del vientre
Como un movimiento suave del paisaje
De puro viento en la mía frente
Y además, alcanzo a recordar
Esta piedra en punta
Que me ha traído
Esta piedra que entonces vi
Tornada por el viento ─vi y pensé
Y mis manos hasta ella se llegaron
Y con todo su peso me la traje
Como puede un paisaje, una madre
Llevar a su niño en brazos
Sin más pensar oteando
El espacio profundo
Profundo
Azul
¿Sería azul?


Primavera del 90

Inmejorable el olor de la lluvia, de la flor tierna
Inmejorable la carrera del jugador de pelota que inhala
su vida
Profundamente
Inmejorable el primer destello del sol
En el despertar arisco del soñador

Inmejorable el santiamén que nos fue concedido


Poema
                            Dedicado a Santiago Di Lella

Y los pájaros arrasan el vuelo
Y se hunden en la misma desnudez del agua
Cómo renunciar entonces a esa simple alegría 
¡Oh gran inercia de la gran naturaleza!
La costura más perfecta del más simple motivo:
La vida.


La palabra que arrojo a la otra orilla

Aún me pregunto
Si quien lee estas palabras
Si cada palabra mía en quien las lee
Es contemplación piadosa de su corazón
Sobre un estandarte tendido en el campo de batalla
Ya silencioso
O será cada palabra en el corazón ajeno
Mi última muerte; la más reciente
Que se otorga
Entre bambalinas.

Inés Aráoz nació en San Miguel de Tucumán, Argentina, el 9 de enero de 1945. Realizó estudios de lengua y literatura inglesa y de música en la Universidad Nacional de Tucumán.
Ha publicado: La ecuación y la gracia, 1971; Ciudades, 1981 (mención del jurado del Premio Ricardo Jaimes Freyre, 1981); Mikrokosmos, 1985; Los intersticiales, 1986 (mención especial del jurado del Premio Nacional de Poesía 1984-1987); Ría, 1988 (tercer premio de la Fundación Argentina para la Poesía); Viaje de invierno, 1990; Las historias de Ría, 1993; Balada para Román Schechaj, 1997; La comunidad. Cuadernos de navegación, 2007; Echazón, 2008; Pero la piedra es piedra, 2009; Agüita, 2010; Notas, bocetos y fotogramas, 2011; Rojo torrente de fresas (traducciones del ruso de Anna Ajmátova y Marina Tsvjetáieva), 2012; Barcos y catedrales, 2012 y Haré del silencio mi corona, 2013.


Los poemas fueron tomados de su obra Echazón y otros poemas, disponible en la red en el siguiente enlace: http://ibuk.com.ar/librospdf/araoz_echazon.pdf
La biografía y la fotografía se recuperaron del sitio Web Escritores.org disponible en el siguiente link: https://www.escritores.org/biografias/24833-araoz-ines

jueves, 4 de julio de 2019

JAVIER ROLDÁN (Buenos Aires)



soy profesor de lengua
y literatura
en colegios del conurbano

no tengo automóvil
y por eso mi vida se desplaza
de colectivo a tren de tren a colectivo
de espera en espera

y hay días más diáfanos que otros
en que una clara lucidez
me permite ver

por ejemplo
en la parada del colectivo
a ese nene
que aupado por su mamá
la observa fascinado
le acaricia el pelo
la besa

ella le sonríe
mirándolo bien de cerca
se pone bizca
le da muchos besos

o veo por ejemplo
a esos dos pibes
con esa delgadez fibrosa
tan propia
de la rutina laboral

esos pibes
que esperan el tren
en Los Polvorines
y conversan con el idioma
de los sordomudos
ese idioma de señas
que hace que se miren
con mucha atención
se sonrían mutuamente

el nene
la mamá
los muchachos
prescinden
del lenguaje
hablado o escrito
de su sonido engañoso
de su sentido taimado

trabajo
de profesor de lengua
y literatura
en colegios del conurbano
y a veces me siento
traicionado por mis palabras


 Pyahu
                             a Alfredo

el acento guaraní surge en tu voz
por momentos

surge por ejemplo
cuando los ríos ceden
y te enojás
y tu alma asoma
dulce plañidera con el llanto
de un guyra campana
que no huye
porque está enselvado
y sus alas se enredan
con la exuberancia del verde voraz

surge por ejemplo
cuando sos mi maestro,
y aprendiz en la cama te pregunto
¿cómo se dice mano en guaraní? “po”
¿cómo se dice dedo en guaraní? “cua”

y mi risa resuena en la habitación
con acordes de arpa
porque el mundo vuelve a ser virgen
después de cuarenta años 


“Oh baby, creeme, es sólo cuestión de tiempo”

                                       Sé que estarás de vuelta
                                       Cuando tus días y tus noches se sientan un poco más frias.
                                       Sé que estarás de vuelta muy pronto.
                                       Oh amor créeme, es sólo cuestión de tiempo.
                                       “Always Be My Baby”, (Mariah Carey)

No te equivoques
soy un cosechero multicolor                                                       
no un viejo verde

mientras camino
por Los Polvorines
una alegría arcoíris
de ver a tantos hombres
muchachos pibes
en shores de colores
rojo verde amarillo
rosa naranja
verde clarito
floreadamente plenos

libres

una alegría que tengo
acá en mi pecho
profunda profunda
hace que les sonría
y les guiñe un ojo cómplice
y les diga:

muchachito
pibe hermoso
hombre bendito
yo soy el campo propicio
para tu colorida siembra.


de vez en cuando mamá pierde la consciencia
                                                         a Rocío Macarena


acompañándo a una amiga hasta su casa
fuimos sorprendidos por el Amor
que bajo la forma de un chorrito paquero
nos pidió unas moneditas para la cerveza

yo
casi sin mirarlo
le dije que no
que mi ética de progre bien pensante
no me permite darle monedas
 al primer amor perdido
que salga a cortarme el paso

pero mi amiga
una romántica impenitente
abriendo su monedero
buscó con ahínco dentro de él
y le entregó al amoroso falopero
una limosna para calmar la sed

entonces el Amor
ya con la monedita en su mano
mirándome ceñúdamente me dijo:
"¡¿eh gato y vos
por qué no me das nada?!
o te mantiene tu mujer,
puto?!"
y sin mediar más palabras
me dio un buen bife

que el Amor te golpee
no es poca cosa
pero que el Amor te golpee tres veces
y que te humille para recordarte todo tu egoísmo
y tus faltas hacia él
es toda una lección de vida

creo que el primer sopapo me lo dio por mi cobardía
al no querer mirarlo
mirar de frente al Amor no es para cualquiera
ahora lo sé

el segundo golpe fue en pago a mi mezquindad
si el Amor te pide un pesito para la birra
tenés que dárselo
como tenés que entregarle todo lo que te pida
siempre
acá y en la china

pero el último bife
el que más me dolió
el que me dejó lúcido
ese vino como una pura y simple
demostración de cariño

Javier Roldán nació en el Oeste del Gran Buenos Aires, en Merlo Gómez. Trabaja como docente en colegios secundarios del conurbano. Concurre al taller del maestro Osvaldo Bossi. Lee, mira películas y series, escucha radio AM todas las mañanas como lo hacía su abuela Chicha. Hace un tiempo está de novio con un indio guaraní que omonda akue hi py´a.
Los tres primeros poemas fueron tomados de la revista virtual Sonámbula y se encuentran disponibles en el siguiente link .https://sonambula.com.ar/nombres-cifran-mundos-poemas-javier-roldan/
El último poema y la biografía fueron obtenidos del sitio Web Poetas Argentinos y se puede leer en el siguiente link: http://poetasaltuntun.blogspot.com/2015/04/javier-roldan.html
La foto fue recuperada desde el sitio Web de El furgón El vagón digital de noticias y opinión de Revista Sudestada y se puede ver en el siguiente enlace


viernes, 31 de mayo de 2019

OLGA MERCEDES ZAMBONI (Misiones)



Orfeo
A lo lejos, tu voz
Tu canto indaga en el silencio
que me rodea
Me persiguen sus notas
Hasta el infierno quiere tornarse en paraíso

Entonces el oráculo me dice
que una vez más
mirarás hacia atrás

Orfeo Orfeo
músico y vate
la historia habrá de repetirte:
no es suficiente el canto.

Eclipse
Ayer nomás fue el eclipse callado
Decomisaron cien sombras
de medialunas en los árboles
Y la ciudad fue ciudadela
partida por la mitad
El entreacto supo a soles tajeados
Entonces lloramos
arduos ruedos de lágrimas
por esos soles que nos fueron mezquinos
por nuestras personales mitades
las sombras nuestras de cada día
medias vidas
partidas en la partida
por la mitad en sombra
tan lejos de la estación
tan extranjera.
Ayer, cuando nos fuimos eclipsando.

POEMAS DEL CAOS
(“paradigmas de pensamiento complejo”)

I
Según las leyes determinantes
de probabilidades
dejaremos de ser
dicotomía irreductible

El tiempo-flecha en línea recta
abolió el paradigma
de los eternos retornos

Haciendo un cálculo
desde el caos global que nos concierne
muy fin de siglo incluido y
con intereses
que paga la espera sin esperanza
de nuestros sistemas inestables,

nunca más te veré.

II 
Redondeo lo inexacto
con sus bifurcaciones
y me digo que quién sino yo

Voy alojando
las estructuras de mi no-equilibrio
con fluctuaciones de lo amado
en escala mayor irreversible
por ante-
diluvianas costumbres de utopías
que se marcharon
costumbres de otros siglos
y de otras
teorías espectrales
complejas
que quién sino yo,
repito,
te repite.


III 
Y me digo que sí
que ha de empezar el caosmos
sin dudas, sin dudarlo
Y elijo
un minuto una fórmula
para un cosmético siglo por-
venir
Y me digo:
artesano será y,
desconcertantes semirrectas,
tu siglo y el mío
regresarán a un centro

Pero ya no estaremos
(el fénix es un invento inseparable
de la loca Ilusión).


IV 
Quedarse sin habla
sin las mínimas sílabas
o los grandes discursos
Callar
porque nada vale
el gusto la gala el goce
la gola o gala del poema
ese cómo de vivas y de mueras
estrellados
que digan al menos
que la poesía habrá de sobrevivirnos. 

Olga Zamboni (Santa Ana, Misiones, 1938 ─ Posadas, 2016). Poeta y narradora de la provincia argentina de Misiones. A lo largo de su vida se desempeñó como profesora de español, literatura y latín con posgrados realizados en Madrid y la Universidad Nacional de Misiones. Compuso una extensa carrera literaria en la que abarcó no solamente la poesía,  sino también el cuento y la novela. Entre otros, obtuvo  el Premio "Arandú consagración en letras", Posadas, 1997. Premio "El libro de oro", Sadem Iguazú, 1996. Premio Secretaría de Cultura de la Nación a la producción literaria 1982-86 por su libro "Poemas de las Islas y de Tierrafirme". Su Cuento "Cuestión de Óptica", premiado por Radio Nederland, Holanda, Concurso para Latinoamérica. Colaboró en numerosos diarios y revistas de Argentina y entre sus obras publicadas podemos mencionar Latitudes (poemas) Edic. Montoya, Posadas, 1980; Poemas de las Islas y de Tierrafirme, Edic. Indice, 1986 y El Eterno masculino (poemas) Edit. Vinciguerra, Bs. As.1993; Ha preparado Antologías y obras de uso escolar, con propuestas de trabajos y actividades. 

martes, 30 de abril de 2019

DAVID MARTÍNEZ (Corrientes)


CANCION DEL PEQUEÑO OLVIDO
Cierro mi olvido
sobre una luna gris,
en un pueblo sin nombre, donde mi voz se apaga
para no encontrarla.

Solo viven mi espera
y una calle sin nadie.
No estoy más.
He ido lejos con el cansancio de mi cuerpo.
Hoy podría ser el día de mi primer llanto.
(Nunca sabré como fue el día de mi primer llanto,
como no sabré del primer día de mi ausencia.)
El tiempo se ha detenido en mí.
Puede disolverme la lluvia, amenazarme un relámpago
próximo a caer sobre mi sien.
¿Adónde he ido? ¿Por qué me tiran palomas de las venas
y me cubren herrumbres y raices que echan un agua
extraña?

Lo más exacto es que esté enterrado
con un manoverandá de pájaros
con treinta y dos años en la voz
y una fotografía caída del recuerdo.
Canta, Yeruti:
Él se perdió a orillas de un pueblito lejano.
Guardadle sobre unos cabellos mustios.
Si queréis, entre dos guitarras sin cuerda.

EL CERCADO DE BRILLO
Azul de tardes,
fuegos,
de invocaciones
conmigo vienen,
vuelven,
en bogar de canoas
por estos lagunares.
¡Riacho Rincón!
Desnudo
junto totoras, juncos....

Sientan mi mano en paz que mece el agua,
peina brillos....
Y Dios mira,
la virgen canta
¡en Caá-Catí!

ANTE UN MÍNIMO YACER
Tendida
sobre la hierba, estaba.
Instintivamente
la coloqué en mi mano.
Noté, que era el hueco de una forma
sin peso, y no su movimiento,
lo que acaso insensible, sostenía.
Un vago indicio de culpa
me obsedió como si hubiese cortado
súbitamente hasta paralizar
la libertad brillante de esas alas
latientes todavía
bajo el sol de la tarde.
Y todos mis sentidos
cesaron allí
junto al yacer de esa mínima abeja
inmutable en su eternidad,
pero inclinada aún
al centro radiante de la vida.

ARDE UN ROSTRO, DESDE LO SOMBRÍO
Anudado al latir que enciende la palabra,
como una gran cima donde la luz empieza su triunfo,
todavía me llaman las manos de la tierra en su temblor
de raíces,
junto a las quietas sílabas de las nubes
que desandan lo inmenso.
La fruta del mundo
penetra mi corazón, y canto.
Canto el fuego cercano de los árboles de oro
mojado por la luz de la mañana
en el lejano regocijo de su horizonte de antorchas.

Oh Dios, me diste un gran día para mirar tus
maravillas.
Más allá de las máscaras que enceguecen al hombre,
despierto en mi edad de soles, de pájaros
que son párpados, semillas,
toca la piedra que no cambia, me pierdo
sobrevivido en la larga sumisión de la distancia
para buscar la libertad que incendia tu mano hacedora.
Ahora que voy a cesar
y sé como llamarte:
La Mirada que no cierra
y me recoge.

BLANCO DE ETERNIDAD
Ciega en tu espejo
mis pasos oyes
toda la tarde en lluvia
en sol
que traigo a tu descanso.
Y miras, oh mi indolida
mi todajunta
ahora que toca esta mojada mano
la caja de tu mudez,
la sombra de tu hijo
regresado al espacio que te cuida
naciendo cada día.

David Martínez (Corrientes 1921- 1993). Poeta, ensayista, periodista, crítico literario y escritor. Nació en Caá Catí. Desde 1938 vivió en Buenos Aires.
Presidente de la SADE Corrientes (1966). Primer antólogo de los poetas de la Generación del 40.
Publicó: Ribera Sola (1945); La tierra apasionada (1955); Órbita del amor (1959), Faja de Honor de la SADE; Dos elegías (1963); Ausente infinita (1965); Resplandor del olvido (Premio Municipal de poesía inédita 1961,; Canto a Gral. Paz (Poema 1967); El Exilio en el mundo (1969), Primer Premio Municipal de Poesía y Medalla de Oro del Gobernador de Corrientes Adolfo Navajas Artaza; Vida situada (Antología Poética. 1970); Penúltima estación (1974), Pluma de plata del PEN club Internacional y Mención Especial Premio Nacional de Literatura; Enrique Banchs, Poeta del sentimiento humano (Ensayo y antología). Segundo Premio Municipal de Crítica y Ensayo, 1975; Siete Poemas inéditos (Madrid -1976); Soles y laderas (Premio Dodero de la Fundación argentina para la poesía, 1980); La tierra que fue mía (Antología Temática Esencial. Edic. De la Municipalidad de Corrientes, 1982); Canto a Caá Catí (1985; 2ª edición, Buenos Aires 1986, con epílogos de Jorge Calvetti, Horacio Castillo y León Benarós); El Conterrado (Edit. Losada, 1986). Premio "Guaraní" 1985, instituido por el Gobierno de la Provincia de Corrientes. Gente de Letras, " en mérito a la encuesta Nacional realizada por decisión del jurado interviniente" le concedió el Premio Esteban Echeverría del año 1986, en el género de poesía. Poesía de Corrientes (Edit. Plus Ultra 1986).

domingo, 24 de marzo de 2019

MÓNICA ALEJANDRA SCALDAFERRO (San Nicolás – Buenos Aires)


V
Tengo la sed de los siglos esperando.
Los huecos
que son mi propio infierno.
Esa parte de río que me falta.

Algo obsesivo
hay
en su identidad de peces.
Nada que decir
desde este margen.
Sé que los hijos reclamarán
la antigüedad del alma, todos
los tiempos juntos, todos
los hombres al pie de la memoria.
Qué dolor
se complace en un solo cuerpo.

X
Decir. Caminar. Partir.
Regresar hasta algo. Odiar. Llorar.
Buscarse. Desesperar. Amar.
Esperar. Impacientarse.
Tomar la mano. Acariciar. Arremeter.
Despertar. Correr. Eructar.
Escupir al cielo. Recibir la lluvia.
Escarbar la tierra. Atragantarse de aire.
Seguir un pájaro. Ahogarse en cada charco.
Amontonar, cuestionar, despreciar,
volcar, penetrar, invadir,
permitir la entrada, errar la puerta,
parir, crecer, volver al polvo,
seguir amontonando,
romperlo todo
pero dejar todo
por si arremete la nostalgia.

Tengo un puñal en la boca.
Puedo matarme con las palabras
como también
suicidarme sin ellas.

Este silencio proscribe
y las sombras no acompañan.
Cada hora es una fruta
y la como.

Ahí tu cauce
perdiéndose en mis orejas.
Ahí tu cauce
discurriendo en las islas de mi cuerpo.
Ahí tu cauce
apoderado absoluto de mis peces.

Estamos confundiendo los pájaros
con aviones en el cielo.
En el reverso del día
no encontramos estrellas.
Estoy segura que hoy
alguien o algunos mueran.
Antes de que el sol cierre toda posibilidad de luz
y le demos la espalda
es probable que necesite respiración artificial
para mantener vivos
los escasos contactos con la piel.

¿Hasta dónde tu amor?
¿Hasta dónde tu entrega?

Piel
delgada prenda  que cobija esta osamenta
hasta que el mediodía serene sus  pasos
en la oscura memoria.

No será eterna mi carne
ni durará por siempre mi nombre.

Mi voz
hoy planta bandera
y se rinde
sin más convencimiento.

                                   Quiero irme con los pájaros.

Ninguna brújula
entre el día y la negritud
hará que tropieces conmigo.

Mi nombre
está callado en las guías telefónicas.

No hay palabra situándome en el diccionario
ni acepciones que fijen mi presencia.

Dejé mi corazón
                         al margen del camino
solo para que alguien me encuentre.


Un afiebrado Pacífico
define los huracanes
          la sequía
          las inundaciones.
Un afiebrado Pacífico
                                se entrega
a la cadencia planetaria de los vientos del Este.
Las ardientes aguas
de ese afiebrado océano
quizás incendien Australia
y ante tanta deserción de peces
quiero morir en tu ecuador
cálido
letal
oceánico.


Fragilidades
                                                 Campo arrasado es la nostalgia
La memoria en harapos guarda monedas
comprará los días por venir
Cantemos un poco
no más
para desabrazar las palabras o dejarlas a todas
enjauladas en un poema.
Bienaventurados los muertos no olvidados porque de ellos
será el reino de los buenos y los malos recuerdos
De ellos el reino de las mariposas
más allá de las cruces del campo santo
Bienaventurados los nombres mezclados de los muertos
Porque así morimos
en la confusión y la sorpresa
fugitivos
sin espejos que detengan la memoria
Bienaventurados los muertos sin nombre
sin mortajas
solo un destino cumplido
Porque así morimos
ateridos / huérfanos / amarillos
tropezando con las huellas de los pasos dados
componiendo
un dominó sin coincidencias
Porque así vivimos
como un poema que no late 
despidiéndonos siempre
por si perdemos el juego.

MÓNICA ALEJANDRA SCALDAFERRO (San Nicolás – Buenos Aires) nació en inriville (córdoba) en 1966 y vive en san Nicolás desde 1986. Poeta y narradora. Profesora de enseñanza primaria. Profesora de historia. Licenciada en calidad de gestión de la educación. Capacitadora de docentes en el área de ciencias sociales y formadora de directivos de establecimientos educativos de la provincia de buenos aires. Participó de distintas antologías literarias editadas en la ciudad y otras provincias de argentina. Obtuvo premios tanto en su faz lírica como narrativa. Coordinó diferentes talleres literarios en estamentos barriales. Fue miembro del taller de expresión poética dependiente de la escuela municipal de lengua y literatura “Andrés del pozo”, participando en todos los libros colectivos que editó dicha entidad: “Al filo de los nombres” (1992); “Perfiles del fuego” (1993), “Tierras en el viento” (1994) y “Ángeles de sobremesa” (1997). Participó del disco compacto “Poetas de San Nicolás: voces de un nuevo milenio” (yaguarón ediciones, 2000). Fue jurado en diferentes certámenes literarios a nivel local, provincial y nacional. Obtuvo el reconocimiento mujeres que honran por su actividad cultural y educativa. Ha presentado libros de poesía de numerosos escritores, como así también ha organizado y participado de distintos encuentros literarios, recitales, ferias del libro, y ciclos dedicados a este rubro artístico, en estos últimos 30 años. Es miembro de la comisión directiva de la Asociación de Escritores Nicoleños (AEN). participó, representando a su ciudad, en el VI festival internacional de poesía “San Nicolás de los arroyos”, 2016; y como poeta representante de argentina, en el Festival Internacional de Poesía Abbapalabra, realizado en los estados de México y San Luis Potosí, México, 2015 y 2016. Participó en el recital internacional de poesía, quito ecuador, 2017. Ha publicado los siguientes libros  Puertas de arena” 1999, Babel, 2016,  colección Editorial Velarde, en Cuadernos Amerhispanos, de México.